Cómo limpiar un apartamento turístico entre huéspedes sin perder toda la mañana
Son las 11:07. Los huéspedes acaban de cerrar la puerta, hay dos juegos de toallas húmedas en el baño, una taza en la mesita del dormitorio y los próximos viajeros han avisado de que probablemente llegarán antes de las tres.
Bienvenido a uno de los momentos más intensos de la gestión de un apartamento turístico, la limpieza profesional.
Cuando el margen entre una salida y la siguiente entrada es corto, limpiar bien no consiste en correr más. Consiste en evitar pasos inútiles, organizar el trabajo y hacer las cosas en un orden que impida tener que volver tres veces a la misma habitación.
Antes de sacar la fregona, hay bastante trabajo que puede adelantarse.
Empieza la limpieza por lo que necesita tiempo
Lo primero debería ser abrir ventanas. Mientras el apartamento se ventila puedes retirar ropa de cama, reunir toallas, vaciar papeleras y comprobar rápidamente si los huéspedes han olvidado alguna pertenencia.
Un cargador detrás de la mesita, unas gafas en el baño o una camiseta dentro de un cajón son descubrimientos bastante habituales. Detectarlos antes permite apartarlos y comunicarlo al gestor sin encontrarlos cuando el apartamento ya está prácticamente terminado.
Después conviene poner en marcha todo aquello que pueda avanzar mientras trabajas en otra zona.
Si existe lavavajillas, recoge los utensilios usados y actívalo. Si la ropa se lava en el propio alojamiento, inicia también el ciclo correspondiente. De esta manera las máquinas trabajan mientras tú haces otra cosa.
Una secuencia bastante práctica puede ser:
- Ventilar y hacer una revisión general.
- Retirar ropa, basura y objetos utilizados.
- Poner lavavajillas o lavadora si corresponde.
- Aplicar los productos que necesitan unos minutos de actuación.
- Limpiar baño y cocina.
- Preparar dormitorios.
- Quitar polvo y revisar superficies.
- Limpiar el suelo empezando por la zona más alejada de la salida.
- Reponer consumibles.
- Hacer una última inspección.
Parece obvio, pero seguir siempre un orden evita muchas pérdidas de tiempo.
Trabajar por recorrido es bastante más eficiente que ir reaccionando a lo primero que aparece delante.
Baño, cocina y dormitorios sin dar veinte vueltas
El baño suele ser uno de los primeros lugares en los que merece la pena intervenir. Aplica los productos necesarios y deja que actúen mientras avanzas en otras tareas. No tiene demasiado sentido aplicar un limpiador y retirarlo inmediatamente si las instrucciones recomiendan dejarlo unos minutos.
En la cocina ocurre algo parecido. Revisa primero nevera, microondas, cafetera y fregadero. Después encimeras, tiradores y superficies visibles.
Un truco sencillo consiste en llevar contigo todo lo necesario para terminar una zona antes de pasar a la siguiente.
Cuando los productos, paños, bolsas, bayetas y consumibles están repartidos por distintos armarios del apartamento, parte de la jornada acaba convirtiéndose en un paseo constante de una habitación a otra.
Una cesta bien preparada o un pequeño carro cambia mucho el trabajo.
Aquí tienen sentido los útiles de limpieza profesional, especialmente cuando una persona debe preparar varios alojamientos durante la misma mañana.
No se trata de llenar el apartamento de accesorios, sino de tener a mano lo que realmente se utiliza.
En los dormitorios, comienza por retirar completamente la ropa anterior y revisar colchón, cabecero, mesitas y zonas debajo de la cama. Después prepara la cama limpia.
La cama terminada produce una sensación inmediata de orden, pero todavía no es momento de relajarse.
Los pequeños detalles suelen consumir más tiempo cuando se dejan para el final.
Una lámpara con polvo, una huella en el espejo o un vaso olvidado sobre una estantería pueden obligarte a volver a sacar productos que ya habías guardado.
Por eso resulta práctico completar cada zona antes de abandonarla.
No limpies dos veces lo mismo
El polvo debe retirarse antes de fregar o aspirar definitivamente el suelo. Si limpias primero el suelo y después sacudes una parte alta del mobiliario, probablemente tendrás que repetirlo.
También conviene trabajar de arriba hacia abajo.
Estanterías, lámparas, cabeceros y muebles antes que rodapiés y suelo.
Los cristales no siempre necesitan una limpieza completa entre huéspedes. Una ventana llena de marcas sí merece atención; un cristal exterior ligeramente polvoriento quizá pueda esperar a una limpieza periódica más profunda.
Saber distinguir entre la limpieza de cambio de huésped y las tareas de mantenimiento evita intentar hacer en cuatro horas lo que debería formar parte de una jornada específica.
Reponer, revisar y salir mirando hacia atrás
Cuando el apartamento ya está limpio llega una fase sorprendentemente importante.
La reposición.
Papel higiénico, jabón, bolsas de basura, productos de bienvenida, cápsulas de café si se ofrecen, papel de cocina y cualquier otro consumible incluido en la estancia.
Si gestionas uno o dos apartamentos, comprar pequeñas cantidades puede funcionar. Cuando el número empieza a crecer, desplazarse continuamente al supermercado para comprar botellas y paquetes pequeños deja de ser práctico.
En ese punto es habitual organizar un pequeño almacén y trabajar con formatos mayores o productos concentrados correctamente dosificados.
Tener definidos los productos de limpieza para alojamientos turísticos ayuda además a que distintas personas utilicen referencias conocidas y sepan dónde encontrar cada cosa.
Los productos concentrados pueden resultar interesantes cuando existe suficiente rotación, siempre que se respeten las dosis y las instrucciones del fabricante. Utilizar más cantidad de la necesaria no significa limpiar mejor.
Una dosificación constante también facilita controlar el consumo y saber cuándo hay que realizar el siguiente pedido.
Antes de marcharte, guarda los productos y haz algo muy simple.
Sal del apartamento y vuelve a entrar.
Esos treinta segundos cambian la perspectiva.
Mira la estancia como la vería alguien que llega con una maleta después de varias horas de viaje.
¿Huele bien?
¿La temperatura resulta agradable?
¿Hay algo extraño encima de una mesa?
¿Las cortinas están bien colocadas?
¿Las luces funcionan?
¿Queda alguna bolsa de basura junto a la puerta?
Revisa también el baño desde la entrada. Un pelo sobre una superficie blanca puede pasar desapercibido durante la limpieza y resultar muy visible para quien acaba de llegar.
Y comprueba la cocina con la misma mirada.
No hace falta convertir este último paso en otra limpieza completa. Es simplemente una inspección.
Ese último vistazo de dos minutos puede ahorrarte una mala reseña.
Cuando solo tienes unas horas entre dos reservas, la rapidez importa. Pero la rapidez útil no consiste en ir corriendo por el apartamento.
Consiste en abrir una puerta una vez, llevar contigo lo necesario, terminar una zona antes de pasar a otra y establecer un sistema que puedas repetir incluso en esas mañanas en las que un huésped sale tarde y el siguiente pregunta a las 13:30 si ya puede dejar las maletas.